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De vuelta

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Después de meses sin actualizar a mi querido “hijo” creo que ha llegado el momento de desentumecer los dedos y retomar de nuevo una buena costumbre que me ha ayudado durante los últimos años a despejar la mente volcando sobre este soporte todo aquello que bullía en mi cabeza. Espero que no se me haya olvidado como iba ésto, y que pueda mantener la disciplina que requiere la tarea.

Veremos si puedo conseguirlo, vamos allá.

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El Centro Botín, ante el reto de su propio proyecto

Fuente: Centro Botín

Fuente: Centro Botín

El tema de este post no tiene nada que ver con el retraso de la obra estrella del supuesto proyecto de anillo cultural de Santander, ni siquiera con las polémicas que su construcción en plena bahía de la capital ha traído en los últimos tiempos. Lo que ha provocado que me pusiera a teclear de forma compulsiva ha sido un anuncio publicado hace unas semanas en el foro de la página de Amigos del Centro Botín. En él se planteaba un tema destacado, el debate sobre la posibilidad de formar una red de voluntarios que se encargara de realizar todo tipo de actividades, desde la organización de eventos hasta la realización de visitas guiadas. A primera vista, todo perfecto, especialmente para el Ayuntamiento de Santander, que una vez vería como otros cargarían con la responsabilidad de llevar a cabo el trabajo a coste cero y de paso podría colgarse una medalla más (hay que recordar que el alcalde ha insistido en que la obra no supondrá desembolso económico para sus contribuyentes). Como digo, sobre el papel todo sería de color de rosa, con jubilados y gente apasionada del arte encontrando espacio para desarrollarse personalmente y poder aportar su granito de arena a la promoción cultural de su ciudad. Sin embargo, en el marco de crisis y paro que afecta a la región y a su capital en especial, esta discusión alcanza unos niveles de frivolidad, por no decir descaro, que debería hacer que esa propuesta no hubiera debido ni siquiera plantearse.

Amigos Centro Botín

Nadie podría imaginarse al consistorio y al señor Botín pidiendo aspirantes entre los arquitectos de todo el mundo para elaborar el proyecto de forma gratuita, únicamente por el prestigio que pudiera reportar su elección. Tampoco he visto ningún anuncio en prensa reclamando candidaturas para dirigir este centro, que pretende ser de referencia internacional, de forma desinteresada. Mientras que para los aspectos más vistosos de la institución se apuesta por gasta dinero sin demasiados miramientos, da la sensación de que no ocurre lo mismo con lo que debe dar vida al Centro Botín, su actividad del día a día. ¿De qué sirve tener un edificio espectacular y un director creativo de campanillas si quienes tienen que llevar adelante su actividad cotidiana son meros aficionados?. Parece que no se ha aprendido nada del monumental descalabro que supuso Santander 2016 y si nadie lo remedia se caminará de forma irremisible hacia el mismo modelo: continente brillante, pero carente de un contenido con la mínima coherencia. Cantabria posee profesionales cualificados de sobra para llevar a cabo esta labor, gente con formación que malvive en trabajos para nada relacionados con sus conocimientos o que han tenido que apostar por el dichoso “emprendimiento” para subsistir, y que deberían ser tenidos en cuenta para formar parte de la estructura vital de una institución que pretenda convertirse en una referencia estable de la vida cultural de la comunidad autónoma. Más que nada porque no es cuestión de inaugurar un edificio y ver lo bonito que ha quedado, sino también de conseguir ese efecto “Guggenheim” que se ha buscado en otros casos a lo largo de la geografía nacional, y que en pocos casos se ha conseguido. Y eso es imposible si no se decide apostar por un concepto claro y decidido, que pasa por dejar de lado cualquier tipo de “amateurismo” en su funcionamiento para conseguir llevar a cabo una promoción que dé lustre, no sólo cultural sino también turístico, tanto a la ciudad como al resto de la región.

La Fiesta del Cine desmonta la versión de Montoro

Colas cine

No hacía falta más que ver las largas colas en las taquillas de los cines de cualquier ciudad para ver lo que para casi todos es una evidencia: la gente no va a las salas por el desorbitado precio de los entradas. Esta perogrullada no sorprende a nadie, bueno, seguro que a alguno sí, porque no sería descartable que en el Ministerio de Hacienda se haya formado un gabinete de crisis para explicar tan espectacular e inexplicable repunte de asistencia.

Lamentablemente, la continuidad en el tiempo de la iniciativa de la Fiesta del Cine es inviable en el panorama actual, pero por lo menos deja a las claras que, piratería aparte, a la gente no se le han quitado las ganas de ponerse enfrente de la gran pantalla. Sería aconsejable que al señor Montoro se le ocurriera tomar nota de esta situación, o que por lo menos se pase de vez en cuando por una sesión para que se dé cuenta de que, muchas veces, la escena de una película puede explicar de forma clara y directa donde está el “quid” de la cuestión.

El pasillo de la vergüenza

Messi

Está a la entrada de cualquier juzgado, y por ahí han pasado últimamente cantantes, políticos, tesoreros e incluso consortes de infantas. Siempre bajo el foco de los medios y con el abucheo y el insulto del público como acompañamiento sonoro. Es el lugar donde  se escenifica el recurso del pataleo, el único que le queda al ciudadano de a pie cuando ve como hay personas que se saltan la ley a la torera, muchas veces incluso cubiertas por el manto de las propias instituciones. El fenómeno encuentra además el escenario perfecto en la situación de crisis que atraviesa nuestro país en los últimos años: el hartazgo de la gente se acrecienta cuando ven en la televisión aparecen, día sí y día también, nuevos casos de corrupción.

Por eso mismo es irónico observar como el público y la prensa (esa misma que se ensaña con otros personajes) hace la vista gorda con determinados casos. Y es que hay gremios que parecen absolutamente inmunes a esa persecución popular, y que no sólo no reciben reproches, sino que siguen siendo considerados ejemplos para los más jóvenes de la sociedad: los futbolistas.

El último ejemplo de este doble rasero es Lionel Messi: el astro argentino y su padre han declarado esta mañana ante el juzgado de Gavá por el impago de 4,1 millones de euros en concepto de derechos de imagen correspondientes al periodo 2007-2010. Messi, que posee el 100% de sus derechos de imagen, supuestamente los cedió a un tercero para evitar la tributación a la Hacienda española, a esa misma a la que contribuimos todos. Una vez descubierta la “trampa”, su padre se ocupó de lanzar balones fuera, acusando a su exsocio, el agente Rodolfo Schinocca. Conscientes de la debilidad de su argumento, la familia Messi decidió abonar 5 millones de euros (4,1 más los intereses) y 10 millones más en declaraciones complementarias del IRPF por sus derechos de imagen correspondientes a 2010 y 2011 para intentar suavizar una previsible condena en la medida de lo posible.

Messi juzgado

Hoy al “10” del Barça le tocaba pasar el mal trago de declarar en un juzgado de Gavá. Si hubiera sido un banquero o un político, la masa arremolinada hubiera pedido su cabeza como si del monstruo de Frankenstein se tratara. En cambio el argentino ha sido arropado por los presentes con gritos de “Messi campeón” o “Messi presidente”, sólo interrumpidos por algún tímido “Messi ladrón”. Los mismos que piden justicia en otros casos, hoy se han plegado a su ídolo, sin querer distinguir al crack del ciudadano incumplidor con Hacienda, consiguiendo que la expresión “pasillo de la vergüenza” adopte una nueva y triste acepción.

La tiranía de los “palabros”

Agobiado

Nos han ido rodeando poco a poco, nadie tiene muy claro cuando y como han llegado, pero lo cierto es que están ahí. En publicaciones, webs e incluso en vallas publicitarias, los “palabros” nos acechan desde hace un tiempo, convenciéndonos de lo que debemos pensar o hacer. Conceptos que a la mayor parte de la gente le parecen salidos de la perversa mente de extraños asesores en oscuros despachos, pero que están ganando terreno hasta convertirse en fundamentales para manejarse en la sociedad actual.

Ahora mismo  estás fuera de juego si no practicas el ecodriving de camino a la smart city, donde sabrás donde aparcar gracias a las TIC. Llegarás a tu trabajo, que no será una mera oficina, sino un espacio de coworking. Una vez allí, no hay que esperar a que el banco financie el próximo proyecto de tu empresa, porque el CEO puede haber decidido que el presupuesto necesario llegará a través del crowdfounding. Eso sí, antes de empezar a funcionar, habrá que estar pendiente del branding corporativo, no vaya a ser que salga con desventaja en el competitivo mundo del e-commerce, donde los community y social media managers juegan un papel fundamental en el posicionamiento del negocio.

Y si te agobia todo esto o no te has enterado de nada, no te preocupes, porque siempre puedes tomarte una “relaxing cup of café con leche” en la plaza mayor de tu ciudad mientras piensas en lo sencilla que era la vida antes.

El diablo tiene voz de teleoperador

Móvil

La historia que voy a contar a continuación está basada en hechos reales, como las películas de la sobremesa de Antena 3 en los fines de semana. También aquí hay una víctima indefensa, un malo muy malo, y un final más o menos feliz.

El guión comienza con un cliente de compañía telefónica que contrata el servicio roaming para poder hablar, aunque sea al precio más caro del continente, con sus familiares y amigos durante sus vacaciones en el extranjero.

Pero lo que no sabe esta incauta persona, es que ese inocente acuerdo será el inicio de su particular pesadilla. Esta vez, en lugar de llamadas misteriosas de voz ronca, la amenaza llega en forma de SMS Premium. Ante ese peligro, la víctima decide cortar por lo sano, y bloquear su terminal para no tener que sufrir ese constante bombardeo de “ofertas inmejorables”. Durante unos días parece que desaparece el acoso, y todo vuelve a la normalidad.

Pero como en cualquier buen telefilm, el malo de la película vuelve a reaparecer en el momento más inesperado para dar el golpe final. No lo hace cuchillo en mano y con una careta tapando su cara, sino por media de una escalofriante factura. Más del doble de lo reflejado en el contrato de permanencia, lo suficiente para que se le hiele la sangre al más pintado.

Pero aquí es donde se produce el contraataque de la, en principio, indefensa protagonista, bloqueando el pago de ese abusivo recibo. Pero el asesino no parece dispuesto a renunciar a la presa, y pide refuerzos, ni más ni menos que el departamento de cobros. Se acaban las buenas formas y llegan las intimidaciones directas: si no se paga, se corta la línea. Nueva prueba para calcular la resistencia del objetivo, que nuevamenge no se resigna e insiste en no ceder al chantaje. Resultado: el “asesino” cumple su amenaza y como en las películas malas de terror procede al corte de cables para dejar incomunicada a quien pretende que sea su próximo trofeo.

La lucha sigue, y la víctima encuentra un resquicio entre las filas enemigas, una empleada del departamento de atención al cliente. Ante el ultimátum de abandonar la compañía el talante cambia de forma radical y tras el compromiso de pagar lo pactado previamente, se desautoriza todo lo dicho anteriormente y se pide disculpas a la vez que se muestra el compromiso de solucionar de forma inmediata el “terrible malentendido”.

Después de tanto sufrimiento llega este desenlace más o menos dulce, pero esto es sólo un caso particular, porque el “diablo” amenaza al otro lado de la línea, por lo que conviene no bajar la guardia. Así que, parafraseando al sargento Esterhaus en Canción Triste de Hill Street, “Tengan cuidado ahí fuera”.

Adiós al sueño del “cafe olímpico”

Ana Botella

El anuncio por Ana Botella del abandono del sueño olímpico madrileño deja patente una vez más hasta que punto nuestros gobernantes han seguido viviendo en una burbuja, ajenos a la crisis económica, política y social en la que vive inmerso nuestro país de unos años a esta parte. 8.000 millones de euros después y tres ridículos internacionales más tarde la clase dirigente se ha dado cuenta por fin que España se encuentra ahora mismo a la cola a la hora de conseguir cualquier logro internacional. La única excepción a esta sensación ha sido curiosamente la elección de Madrid como sede de un macrocomplejo del juego promovido por un personaje de oscuro pasado. Para él se han abierto las puertas de par en par, con cambios legislativos a la carta y una sensación de déjà vu a lo “Bienvenido Mister Marshall”.

La comparecencia de la alcaldesa accidental de la capital de España ha vuelto a incidir en los beneficios que ha supuesto para la ciudad su triple candidatura fallida de su ciudad, aunque los únicos que han debido salir bien parados de este último chasco han debido ser los establecimientos que sirven el ya archifamoso “relaxing cafe con leche”. Ni una dimisión, ni un mea culpa, ni nada que se le parezca, la primera de los madrileños ha preferido tirar dardos a sus detractores y escudarse en una frase muy española pronunciada por el rey que precisamente otorgó la capitalidad a su ciudad: “Yo no mandé a mis barcos a luchar contra los elementos”. Afortunadamente, y aunque sirva para poco, todavía queda sentido del humor para afrontar un nuevo naufragio de esa “marca España” que nos están intentando meter con calzador. Y es que, parafraseando a Bogart, “siempre nos quedará un café en la Plaza Mayor”.

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