Cromos inolvidables: Artola

Fuente: Todocolección

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Claudio Bravo llegó este verano a Barcelona con la difícil misión de hacer olvidar a Víctor Valdés. El chileno, cuyo traspaso generó muchas dudas en la grada, ha respondido de la mejor manera, y ha empezado el campeonato demostrando una gran seguridad bajo palos. Eso ha hecho que incluso se piense que puede batir un récord histórico en el Barça, instaurado precisamente por otro portero que también aterrizó en la Ciudad Condal desde San Sebastián. Pedro María Artola, que es de quien hablaré hoy en esta sección, llegó al Fútbol Club Barcelona procedente de la Real Sociedad en 1975, y mantiene desde la campaña 77-78 una marca difícilmente igualable: dejar su porteria imbatida durante las seis primeras jornadas ligueras y los primeros veinte minutos de la séptima, hasta que le marcó el argentino Pedro Verde, entonces delantero del Hércules, dejando ese espectacular registro de imbatibilidad en 560 minutos.

Artola Real SociedadNatural de Andoáin, “Pello” Artola se formó en la cantera del S.D. Lengokoak, pasando de allí a la Real Sociedad, jugando en su filial en la temporada 1967-68 en Tercera División. Un año más tarde, con 20 años recién cumplidos, se incorporaría a la primera plantilla, aunque tuvo que permanecer a la sombra de Esnaola durante sus dos primeras campañas. Tendría que esperar hasta el 13 de diciembre de 1970 para debutar en Primera. La lesión en la clavícula del titular le permitió estrenarse ni más ni menos que en un derbi contra el Athletic, contribuyendo a la victoria por 2-1 (Boronat y Corcuera remontarían el gol inicial de Argoitia). Esa temporada jugaría otros dos partidos de Liga, pero fue un espejismo, ya que no volvería a jugar de nuevo un partido oficial con la Real hasta octubre de 1974. De hecho sería relegado a volver al Sanse, al ocupar un jovencísimo Urruti el puesto de suplente de Esnaola. El traspaso de este último al Betis le devolverían a la élite, aunque tendría que esperar su turno para volver a enfundarse los guantes hasta el partido de vuelta de la eliminatoria ante el Banik Ostrava checoslovaco, que acabó con una clara goleada en contra (4-0) y la consiguiente eliminación. También le tocaría recoger tres balones de las redes ante el Betis, antes de retornar al banquillo.

Fuente: El Mundo Deportivo

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Tuvo que ser una lesión de Urruti en el codo la que le permitiera volver al once, de donde ya no se movió, siendo pieza fundamental en una recuperación que permitió a los txuri-urdin acabar en cuarta posición tras Real Madrid, Zaragoza y Barça, y conseguir la segunda clasificación europea en la historia del club blanquiazul. Completó una temporada de ensueño jugando con la selección nacional olímpica, lo que le convirtió en una pieza codiciada en el mercado de fichajes.

Fuente: El Mundo Deportivo

Fuente: El Mundo Deportivo

El día en el que cumplía 27 años, 6 de septiembre de 1975, se anunciaba su fichaje por el Barça a cambio de 17 millones de pesetas como reemplazo de un mito como Sadurní. A pesar de llegar a Barcelona con la temporada iniciada (le prohibieron disputar el Real Sociedad-Betis por miedo a que se lesionara), no tardó en desbancar a Mora. Sería titular en liga, mientras que su compañero sería el encargado de defender la portería culé en la Copa de la UEFA.  Mantendría ese estatus durante la primera parte de la temporada, hasta que Weisweiler primero, y su sustituto Laureano Ruiz después, le retiraron la confianza en el tramo final del campeonato. No mejoró su suerte con la llegada de Rinus Michels, que le dejó inédito gran parte del año, reduciéndose su participación a una decena de encuentros. El holandés cambiaría de opinión en su segunda temporada en Can Barça, haciendo de Artola su portero de cabecera, aunque curiosamente no contaría con él para jugar la final de la Copa del Rey ante la Unión Deportiva Las Palmas que los catalanes se llevaron por tres goles a uno (como anécdota, cabe reseñar que en la vuelta de la eliminatoria de octavos ante el Getafe fallaría un penalti cuando su equipo ganaba ¡¡¡8-0!!!).  La nota negativa fue que una lesión le dejó fuera de la lista de convocados de Ladislao Kubala de cara a Argentina 78.

La 1978-1979 sería la temporada de su consagración: encajó 25 goles en 29 partidos de Liga, adjudicándose el Trofeo Zamora y convirtiéndose en el quinto culé en conseguir este galardón tras Antoni Ramallets, José Manuel Pesudo, Salvador Sadurní y Miguel Reina. No sólo brilló a nivel individual, sino que disfrutaría a nivel colectivo de la consecución de la Recopa de Europa en la recordada final de Basilea ante el Fortuna Düsseldorf (antes fue el héroe en el partido de vuelta de la semifinal contra el Beveren, siendo bautizado esa noche por el periodista Joaquim Maria Puyal como “Sant Artola Gloriós”).

Asentado como fijo  nivel colectivo, estaría en la lista para disputar la Eurocopa, aunque no llegaría a debutar (los otros dos convocados serían su otros dos productos de Zubieta, Arconada y Urruti). A nivel de club, sumaría su segunda Copa del Rey en 1981 y repetiría título en la Recopa un año después, aunque en un año complicado marcado por el secuestro de Quini perdería el puesto en el momento decisivo del año, perdiéndose la final de la competición continental en beneficio de su antiguo compañero en la Real, Urruti. Esa situación volvió a repetirse en la segunda vuelta de la 82-83, lo que empañaría el doblete Copa del Rey-Copa de la Liga.

Fuente. El País

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Con 35 años a sus espaldas su carrera se apagaba, y apenas jugaría tres partidos en un año complicado, donde la Supercopa alcanzada ante el Athletic no pudo apagar el fuego producido por la polémica salida del equipo de Diego Armando Maradona. Acabado el ejercicio le pusieron en la tesitura de escoger entre la carta de libertad o un partido de homenaje, y el 11 de septiembre de 1984, junto a su amigo Antoni Olmo, recibió el reconocimiento del Camp Nou con un Barça-Athletic Club, el mismo partido que unos meses antes había acabado en una batalla campal con el “Pelusa” como protagonista.

Fuente: El Mundo Deportivo

Fuente: El Mundo Deportivo

Hoy, tres décadas después de su retirada, Bravo está cada vez más cerca de conseguir igualar lo que parecía imposible hace nada. Lo consiga o no, lo que no podrá borrar en la grada del Camp Nou es el recuerdo de ese eficaz guardameta guipuzcoano acompañado casi siempre  de su inseparable camiseta verde de puños y cuello negros.

 

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