Blablacar fulmina su ideal de transporte solidario

Blablacar

Dicen que pocos dolores hay más fuertes es el de un desengaño amoroso, y eso es lo que me ha pasado este fin  de semana con Blablacar, plataforma de la que era usuario habitual desde hace tres meses. Para un discapacitado social como yo (término que acuñó con acierto una ex-compañera de trabajo para definirnos a aquellos que no conducimos), tener una alternativa como ésta a la abusiva política de precios de Alsa suponía una oportunidad única para poder viajar. En mi caso, además de ahorrar un montón de horas de autobús, también podía reducir mis gastos, además de colaborar con otras personas con las que compartir la experiencia del viaje.

Ticket BlablacarHasta ahí todo pintaba bien: conocía a gente que merecía la pena (no he tenido ni una mala experiencia), ganaba comodidad en mis desplazamientos (se podía negociar el lugar de recogida y llegada), e incluso contribuía a reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Lo digo en pasado porque, de golpe y plumazo, ese mundo perfecto se desplomó ante mis ojos este viernes. Al buscar mi trayecto habitual e intentar contactar con usuarios para concertar el viaje ví como la página había obstaculizado cualquier posibilidad de acceder a una comunicación directa con ellos, si antes no pasaba por caja. Si no me comprometía a introducir los datos de mi tarjeta para aportar una fianza equivalente al coste del viaje, más impuestos y gastos de gestión, la gente de Blablacar no me iba  a facilitar el uso de su servicio. Ni que decir tiene que intenté evitar por todos los medios esa trampa legal creada (supuestamente) para intentar frenar las crecientes quejas de las empresas del sector del transporte de viajeros, pero no me fue posible: ninguna de las personas con las que ya había viajado tenían previsto una ruta que se adaptara a lo que necesitaba, así que tuve que pasar por el aro.

Amovens

Todavía mosqueado por ese cambio de política que altera radicalmente el espíritu que ha hecho triunfar esta web por toda Europa, decidí finalmente pagar y reservar mi plaza. Pero para mi sorpresa, no era el más enfadado, ya que el conductor con el que esta mañana he hecho el trayecto entre Oviedo y Santander, ya se encargó de dejarme claro que el futuro de Blablacar no es precisamente halagüeño. El hecho de que se cargue el IVA sobre el desplazamiento hace que lo que en principio era una actividad basada en una idea de cooperación social se convierta ahora en un negocio a los ojos de la siempre vigilante Hacienda, lo que seguramente producirá la salida de muchos conductores y pasajeros a otras páginas que mantengan la filosofía original de viajes en los que únicamente se comparten gastos de combustible. Al calor de esa necesidad ya han surgido alternativas todavía gratuitas como Amovens, en la que me he registrado nada más llegar a Santander, y con la que espero establecer una duradera relación basada en la honestidad y no en crear expectativas que se rompen una vez se ha creado la dependencia entre ambas partes.

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