Besullo despide a la última protestante

Fuente: El Comercio

Dina Rodríguez (con chaqueta negra en la parte superior) con protestantes de Gijón y Avilés
Fuente: El Comercio

Ayer lunes llegaba la noticia del fallecimiento de Dina Rodríguez, de Casa Xuacón, última representante viva de la iglesia protestante de Besullo, una comunidad establecida en este pueblo del suroccidente asturiano allá por el año 1871. Una mujer a la que los vecinos recuerdan con cariño, y que mantuvo viva su fe a lo largo de su vida, en un ejemplo de la compatibilidad de creencias diferentes, históricamente poco común en nuestro país.

La iglesia protestante, a la derecha de la imagen

La iglesia protestante, a la derecha de la imagen

El apellido Rodríguez es fundamental para entender la implantación de la iglesia evangélicá en esta zona: fue Manuel Rodríguez el que envió a su cuñado Antonio Rodríguez los primeros textos bíblicos con la que se creó una primera congregación de una veintena de personas tanto de Besullo como del vecino lugar del Pumar. Superando trabas continuas, el primer pastor consiguió dar continuidad al sueño de Federico Fliedner de implantar no sólo una fe religiosa (algo favorecido por la libertad religiosa contenida en el artículo 21 de la Constitución de 1869), sino también un modelo educativo muy avanzado para su época. En un momento en el que el analfabetismo era la norma común entre las clases más bajas, el interés por la educación permitió que algunos hijos del pueblo cursarán estudios universitarios y llegaran a altas cotas dentro del mundo académico, algo inaudito en una zona tan recóndita de la geografía asturiana. A la vez, los Rodríguez también se extendieron por la geografía española por su labor pastoral, ejerciendo en zonas como Madrid, Cataluña, Extremadura y Castilla La Mancha.

Iglesia protestante

Detalle de la iglesia protestante

Casas como las de Xuacón, de la que saldría también Daniel Rodríguez, tercer y último pastor de Besullo, y padre de Dina, Brixiel y Xuán-Ferreiro mantendrían viva aunque de forma más débil la llama protestante durante el siglo XX, hasta que en 1984 la muerte de Daniel dejó limitada la actividad de la iglesia situada a pocos metros de la de San Martín a una celebración litúrgica anual a la que acudían miembros de las congregaciones de Gijón y Avilés. Fuera de eso, los únicos rastros de la fe evangélica que quedaban en Besullo eran el cada vez más abandonado cementerio y  los salmos que Dina canturreaba de vez en cuando, y que sus paisanos escuchaban cuando paseaban junto a su ventana. Ese rumor se ha apagado con su muerte, pero lo que siempre quedará vivo será el recuerdo de un pueblo que vivió con normalidad durante más de un siglo el “milagro” de la convivencia de dos religiones.

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