Balón de partido: Kennedy

Gol Kennedy

Hoy le toca al turno en esta sección a un gol que decidió, hace más de treinta años, una final europea que enfrentó a dos de los mejores equipos de la historia del fútbol del siglo pasado: Liverpool y Real Madrid.

A finales de los años 70 los “reds” vivían años felices con dos títulos continentales, aunque en las dos últimas ediciones del torneo el Nottingham Forest le había cogido la delantera. El equipo de Anfield contaba con un equipo sólido, en el que destacaban las figuras de Kenny Dalglish y Graeme Souness, y estaba dirigido desde el banquillo por toda una leyenda, Bob Paisley.

Los merengues, por su lado, pretendían reverdecer laureles pasados con hombress como Uli Stielike, Santillana, Juanito o Laurie Cunnihgham. Con un equipo eminentemente canterano y con Vujadin Boskov como entrenador, los blancos tenían el reto de volver a una final de la Copa de Europa tras catorce años de ausencia.

Ingleses y españoles no tuvieron excesivos problemas para llegar a semifinales, donde les esperaban Bayern de Munich e Inter de Milán, respectivamente. No iban a ser rivales tan fáciles como los que había tenido enfrente en las anteriores rondas, y eso demostró en el balance total de la eliminatoria: el Real Madrid sacó su billete a la final con un global de 2-1, mientras el Liverpool aprovechó el valor doble de los goles marcados a domicilio para imponerse a los bávaros.

El 27 de mayo de 1981 fue el día en que se citaron en el Parque de los Príncipes parisino “reds” y “merengues”. Paisley puso un once formado por Clemence; Neal, Thompson, Hansen, Alan Kennedy, Lee, McDermott, Souness, Ray Kennedy, Johnson y Dalglish; mientras Boskov le oponía otro con Agustin; García Cortés, Sabido, García Navajas, Camacho, Del Bosque, Angel, Stielike, Juanito, Santillana y Cunningham.

Boskov planteó un partido para intentar anular el juego ofensivo de los ingleses, y eso lo pagó con un escaso bagaje de ataque, que se limitó a alguna pizca de calidad de Cunningham y, sobre todo, al coraje de Juanito. Por el lado contrario, Ray Kennedy y Mc Dermott protagonizaron los primeros acercamientos al área madridista, aunque sin excesiva sensación de peligro.

Pese al dominio de los de Paisley, una de las ocasiones más claras la tuvo Camacho en la segunda parte, pero su vaselina con pierna izquierda se fue por encima de la portería de Clemence con éste totalmente batido.

Hasta el final del choque hubo intentos de unos y otros, pero la jugada definitiva llegó a diez minutos del pitido del colegiado húngaro Palotai: el saque de banda pegado a la línea de fondo lo recoge Allan Kennedy, que tras dejar atrás a García Cortés conecta un potente zurdazo ante el que Agustín no puede responder.

Era el final del sueño para el Real Madrid (que no ganaría su Séptima Copa de Europa hasta 1998), y la continuación de la auténtica “edad de oro” del Liverpool, que además mantenía por quinta edición consecutiva el título en suelo inglés.

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