El diablo tiene voz de teleoperador

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La historia que voy a contar a continuación está basada en hechos reales, como las películas de la sobremesa de Antena 3 en los fines de semana. También aquí hay una víctima indefensa, un malo muy malo, y un final más o menos feliz.

El guión comienza con un cliente de compañía telefónica que contrata el servicio roaming para poder hablar, aunque sea al precio más caro del continente, con sus familiares y amigos durante sus vacaciones en el extranjero.

Pero lo que no sabe esta incauta persona, es que ese inocente acuerdo será el inicio de su particular pesadilla. Esta vez, en lugar de llamadas misteriosas de voz ronca, la amenaza llega en forma de SMS Premium. Ante ese peligro, la víctima decide cortar por lo sano, y bloquear su terminal para no tener que sufrir ese constante bombardeo de “ofertas inmejorables”. Durante unos días parece que desaparece el acoso, y todo vuelve a la normalidad.

Pero como en cualquier buen telefilm, el malo de la película vuelve a reaparecer en el momento más inesperado para dar el golpe final. No lo hace cuchillo en mano y con una careta tapando su cara, sino por media de una escalofriante factura. Más del doble de lo reflejado en el contrato de permanencia, lo suficiente para que se le hiele la sangre al más pintado.

Pero aquí es donde se produce el contraataque de la, en principio, indefensa protagonista, bloqueando el pago de ese abusivo recibo. Pero el asesino no parece dispuesto a renunciar a la presa, y pide refuerzos, ni más ni menos que el departamento de cobros. Se acaban las buenas formas y llegan las intimidaciones directas: si no se paga, se corta la línea. Nueva prueba para calcular la resistencia del objetivo, que nuevamenge no se resigna e insiste en no ceder al chantaje. Resultado: el “asesino” cumple su amenaza y como en las películas malas de terror procede al corte de cables para dejar incomunicada a quien pretende que sea su próximo trofeo.

La lucha sigue, y la víctima encuentra un resquicio entre las filas enemigas, una empleada del departamento de atención al cliente. Ante el ultimátum de abandonar la compañía el talante cambia de forma radical y tras el compromiso de pagar lo pactado previamente, se desautoriza todo lo dicho anteriormente y se pide disculpas a la vez que se muestra el compromiso de solucionar de forma inmediata el “terrible malentendido”.

Después de tanto sufrimiento llega este desenlace más o menos dulce, pero esto es sólo un caso particular, porque el “diablo” amenaza al otro lado de la línea, por lo que conviene no bajar la guardia. Así que, parafraseando al sargento Esterhaus en Canción Triste de Hill Street, “Tengan cuidado ahí fuera”.

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